"Me estoy preparando con todos los hierros, ya verán" es la frase se le escapa a Eduardo Roca Salazar, Choco, segundos después de revelar, en exclusiva para La Jiribilla, que en mayo del venidero año realizará su primera exposición personal en el Museo Nacional de Bellas Artes.
Choco, que por la calidad de su obra, ha sido considerado por la crítica especializada un "maestro" del grabado contemporáneo cubano es, también, un sólido pintor que tiene entre sus temas favoritos La Habana y sus gentes.
Recientemente este creador -que insistentemente utiliza como medio de expresión la colagrafía, una de las tantas técnicas del grabado-, regresó de México, país al que viajó con una exposición titulada El soplo de la vida.
"A México voy anualmente porque de ahí sigo hacia Japón donde en los últimos diez años mi obra ha tenido aceptación. Una década atrás trabajé estrechamente con varias galerías como La Praxis, la Casa de Cultura Reyes Seroles, Museo de Querétaro, en el Museo de la Estampa en el DF. En los noventas la situación en ese país se puso un poco complicada y decidí retirarme.
Luego me di cuenta que México era una plaza interesante -entre otras razones- porque posee una artesanía muy fuerte, con una tradición humana y cultural sólida. Me dije: tengo que volver y lo hice el año pasado con una muestra en el Museo Erasto Cortéz, en Puebla que es una ciudad preciosa, maravillosa, en la que se respira cultura a través de sus iglesias y sus universidades.
Establecí un contacto con la Casa Lamm, gentes maravillosas, lugar impresionante; pienso que es un sitio en el que - aunque elitista- se puede incrementar la posibilidad de realizar muestras y otras actividades porque su entorno engendra vida cultural. Decidimos entre Claudia Gómez y Germaine Gómez, ambas de la directiva de esa Casa Lamm, montar mi exposición para tratar de entrar nuevamente en ese mercado".
¿Por qué el Soplo de la vida?
"Mi familia y a la gente que me rodea en el Taller Experimental de la Gráfica de la Plaza de la Catedral, se impresionaron mucho con una obra que hice en los años noventas que se llamó, precisamente, El Soplo de la vida.
En ella hay diferentes momentos de índole político, social y económico; es una pieza muy impactante. Mi ministro (Abel Prieto, titular cubano de cultura) me comentó que era una obra significativa entre las muchas que he realizado. Esa pieza estaba incluida en la muestra que llevé a México y por eso decidí ponerle este título".
¿Cuántas obras integraron la exposición?
"Dieciocho piezas de diferentes tamaños, incluido El Soplo de la vida -que tiene tres metros- y alrededor de doce matrices donde también estaba incluida la de El Soplo… Esto le dio un acento muy interesante a la exposición porque el espectador podía ver el ejemplar junto a la matriz y hacer un intercambio de lenguajes, contextos y lecturas. Como algo didáctico me parece importante.
Esta no es la primera vez que expones obra contra matriz; recuerdo tu exposición personal en la Sala Transitoria del Memorial José Martí, cuya curaduría estuvo a cargo de Roberto Chile. ¿Por qué retomas esta idea?
"El espectador es siempre muy disímil e invariablemente quiere saber. El hecho de mostrar la matriz causa un interés mayor a la hora de apreciar porque es como si estuviera viendo un espejo. Ello da la posibilidad de casi volar a la hora de interpretar una obra ya que estas mirando parte importante de su proceso, de su génesis.
Cuando hago una muestra me encanta ofrecer estas dos partes porque veo el asombro. Si yo me sorprendo, ¡imagínate el efecto de causa en otros!. Constato que las personas tienen un nivel de interpretación con una fuerza espiritual impresionante. Vacilo -si se quiere- cómo la gente se para a mirar, a descubrir, a leer todo lo que está pasando a su alrededor en relación con la obra impresa y con la matriz".
Las artes plásticas tienen mucho de técnica, pero también de magia. El hecho de desnudarte como creador, de enseñar la matriz y luego la obra concluida ¿no matará un poco, no dará muchos elementos al espectador, no será descubrirte demasiado?
"Otras personas piensan lo mismo. Cuando alguien me pide orientación
-sobre todo en lo relacionado con la colagrafía- le digo hasta del mal que va a morir; no me preocupa; esos son mis secretos. Les digo, pero no les hago. Si logran un resultado, tal vez, me den un valor que no tengo".
¿Planes para lo que resta del 2003?
Bastantes. Este año estoy interesado en hacer un recorrido por varias provincias cubanas. Ya estuve por Colón y Sancti Spíritus, después viajare a Matanzas y Holguín, luego tengo algunos compromisos en el extranjero. En el mes de julio iremos a las ciudades canadienses de Toronto y Montreal, después a Francia, Londres, Italia y concluimos en Grecia.
Por primera vez tres artistas -los maestros Manuel Mendive, Roberto Diago y yo- agrupados en torno a un proyecto que auspician las Fundaciones Havana Club y Pernod Ricard Internacional, intentaremos mostrar cómo somos los cubanos a partir de nuestras propias vivencias y obras.
La elección es interesante porque -además de querernos mucho- poseemos visiones muy diferentes. Hay esculturas realizadas por Mendive, óleos sobre lienzos hechos por Diago, grabados míos y varias instalaciones de los tres. Se va a aumentar el tamaño y la cantidad de piezas de cada uno; será una muestra grandísima con alrededor de treinta y cinco obras de cada uno. Si aplicamos la matemática elemental, suman más de 100. No queremos impresionar al mundo, vamos a impresionarlo.
También, como grupo, estaremos en la Bienal de Artes Plásticas de La Habana y trabajaremos en un solar de La Habana Vieja con público, en vivo. Aunque aún no tenemos todos los detalles queremos interactuar con el espectador y eso será parte de la Bienal. Estoy motivado con ese proyecto".
Esas giras nacionales que mencionas ¿cómo están organizadas?
"A partir de exposiciones personales que incluyen algunos conversatorios, encuentros y clases magistrales. Visitaremos escuelas especializadas, grupos de artistas, nos reuniremos con miembros de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, UNEAC, y de la Asociación Hermanos Saíz. Las gentes en las provincias están con muchos deseos, con hambre intelectual, y si nosotros podemos darle ese apoyo, se lo daremos".
Siempre insistes en que eres grabador y pintor, y pintor y grabador, pero la colagrafía se está convirtiendo cada vez más en el centro de tu quehacer ¿se impondrá?
"No, imposible. Lo que sucede es que en estos momentos estoy trabajando más al descubierto. Todo el mundo me ve cuando estoy haciendo grabado, pero nadie me observa cuando pinto. Eso es otro rito, pero estoy -quizás-pintando más que nunca".
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